Salta

La muerte de «La Cama i’ bronce», una vida entre el amor y la cárcel

La famosa meretriz conocida como «La Cama i’bronce» (N.V.C.) nació un día y un mes desconocidos del año 1927, cuando nuestro país aún sufría los coletazos de la crisis económica desatada por la Primera Guerra Mundial (1914-1919). Pasaron los años y ella, seguramente apretada por la pobreza, entregó -como decían por aquellos tiempos- su alma al diablo, aunque, a decir verdad, aún no se sabe de qué lado juega don Mandinga.

El hecho es que, en un determinado momento de su juventud, decidió enfrentar la pobreza caminando por la sinuosa senda de la prostitución. Según memoriosos que dicen haberla conocido personalmente y otros por referencias, se trataba de una mujer vistosa, de melena negra —que luego cambió por un amarillo bronce—, rasgos atractivos, más bien alta y dueña de un cuerpo harto generoso. Nadie sabe cuándo, pero, en algún momento de su vida «aireada», alguien le puso el apodo «La Cama i’bronce», un apelativo o nombre de fantasía que llega hasta nuestros días, pese a haber transcurrido cincuenta años desde su muerte, ocurrida en 1976, cuando en nuestro país casi todas las muertes eran dudosas.

Siempre siguiendo las palabras de los memoriosos, este mote metálico se lo habría impuesto un ocurrente cliente al que le decían «Cabra Renga», pero cuyo nombre y apellido pasaron al olvido. Al parecer, en su primera visita de amor pagado, Cabra quedó más impresionado por el brillo casi áureo del camastro que por los dones de su dueña, litera que, al momento de su adquisición, se notaba que había sido elegida con harto esmero y muy buen gusto.

Origen del camastro

¿Dónde lo adquirió? Este es un misterio que seguramente nunca podrá ser develado, pero lo que sí es casi seguro es que su dueña lo hizo gracias al sudor de su frente -y de otras frentes también-, ahorrando día y noche, billete tras billete y moneda tras moneda. Y decimos casi porque una versión cuenta que su primer «bronce» le fue obsequiado por un suboficial del Ejército, soldado que ante ella cayó harto rendido. Según esta versión, su primer catre habría sido de tiento, por lo que, gracias al regalo del milico, ella se salvó de quedar en la historia de nuestro bajo como «La Cama i’tiento».

Ahora, ¿fue un solo catre el que usó en toda su carrera profesional? Al parecer, y según datos brindados por los memoriosos que dicen haberla conocido solo de vista y de lejos, esta buena «dama de noche» renovaba cada tanto el «bronce», con la sana aspiración de mejorar paulatinamente su alcoba. Llegó a tener camas que parecían haber salido de las manos de verdaderos orfebres; no faltaban en algunas de ellas lujosas cabeceras con artísticos medallones de fina tela y sugerentes poses amatorias. Por supuesto, nada de eso se hacía por entonces en nuestra Salta.

Primeros pasos

Si la versión del obsequio militar es falsa, cabe preguntarse: ¿dónde podría haber adquirido esos finos bronces de excelente factura? Es otra pregunta que seguramente quedará sin respuesta, ya que, según datos, ella habría comenzado a trabajar en forma independiente entre fines de la década de 1940 y principios de la de 1950, época en la que habría logrado su primer bronce, adquirido o donado. Antes habría sido -no está comprobado-, por un breve lapso, pupila en uno de los negocios de doña María Greisten, alias «La Rusa María», época en la que la patronal suministraba los enseres necesarios, entre ellos los camastros.

El hecho es que, si alguna vez, como dicen, «La Cama i’bronce» fue pupila de la «Rusa María», lo fue por poco tiempo. Luego siguió su carrera de meretriz en forma independiente, hasta que su suerte cambió abruptamente en 1971. Ese año fue detenida, procesada y condenada por la Justicia salteña por estar involucrada en el asesinato de un notable cliente que, según mentas, se había enamorado perdidamente de ella. Aunque también hay otra versión al respecto.

Cumplida la mitad de la pena impuesta en el transcurso de un resonante juicio oral, «La Cama i’bronce» fue puesta en libertad. Afuera de los muros del «Buen Pastor» la esperaba nuevamente la pobreza, razón por la cual debió volver, ya casi cincuentona, a su vieja y denostada profesión. Y en ese trajín andaba cuando, meses después, amaneció muerta junto a la puerta de su trabajo, por entonces en pleno bajo, sobre Córdoba, más allá de la Tucumán. Este triste hecho desató de inmediato una exagerada investigación, pues algunos «pesquisantes» creyeron estar ante un crimen ejecutado por venganza y no ante una muerte natural. Sospechaban que parientes o amigos del enamorado cliente asesinado en 1971 podían estar implicados en la muerte de «La Cama i’bronce». Pero no fue así.

El deceso de Edhit Valeria

Un parte policial del momento en que fue encontrada sin vida, hace cincuenta años, quizá eche luz sobre su muerte: «La autopsia -dice el parte- practicada por el médico forense determinó que un paro cardíaco fue la causa del deceso de Edhit Valeria C. (a) ‘La Cama i’bronce’, de 49 años, domiciliada en pasaje Gauna al 300 de esta ciudad.

«La mujer, que en la madrugada del 4 de junio del año 1971, juntamente con su esposo Reino Herrera, protagonizó un sonado hecho policial que arrojó como saldo una persona muerta (un profesional), fue hallada sin vida la mañana del sábado (5-6-1976) cerca de la puerta de un baño del inmueble de Zabala 394, residencia de Lina Ortiz y donde la extinta desarrollaba las actividades de prostituta.

«La Policía estableció que el deceso de ‘La Cama i’bronce’ -prosigue el parte oficial- se produjo en la noche del 4 de junio, pero que recién fue encontrada en la mañana siguiente. Había recuperado su libertad condicional el año pasado (1975), al cumplir la mitad de la condena aplicada por su participación en el grave hecho registrado en el interior de su negocio denominado ‘Tío Pancho’, de Córdoba y pasaje Gauna, donde, tras una violenta reyerta, fue muerto bárbaramente uno de sus clientes, en tanto resultaba herido de gravedad su hermano.

«La pareja homicida, que en un primer momento se dio a la fuga, fue capturada luego en una finca rural cercana a esta ciudad. Sometidos a la Justicia, ella fue condenada a ocho años, en tanto su compañero deberá continuar purgando una pena de 12 años por el delito de homicidio. La mujer había salido en libertad el año pasado, al cumplir la mitad de la condena, y volvió a su antigua actividad de meretriz en zonas del bajo. Asimismo, su muerte, que en un primer momento se creyó se trataba de un hecho criminal, provocó la curiosidad de numerosas personas que se agolparon frente al lugar donde murió», concluye el parte.

Otras dudas

Como decíamos, «La Cama i’bronce» falleció hace cincuenta años y sus restos fueron sepultados en uno de los dos cementerios de la ciudad. Podrían estar en el de la Santa Cruz o en el San Antonio de Padua. Nadie sabe exactamente dónde reposan, ya que su cuerpo permaneció varios días en la morgue del Hospital San Bernardo, donde se estableció después, mediante análisis de laboratorio, que padecía de Chagas-Mazza. Más adelante trascendió que su esposo, al salir en libertad, había colocado una modesta cruz de bronce en su tumba, aunque se ignora en cuál de los cementerios. Consultados tiempo después, empleados municipales de ambas necrópolis dijeron no recordar haber visto una cruz de bronce. Más aún, uno de ellos comentó: «Aquí los bronces no duran, señor».

Sin duda, con la muerte de «La Cama i’bronce» en 1976, el «bajo» de Salta perdió a una de esas mujeres cuyos famosos apodos les permiten trascender a través de los años: «La Rusa María», «La Tuerta Tota», «La Guille» y tantas otras.

Prensa NotiNOA

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