Salta

Alejandro Catterberg: «No alcanza con estar mejor que antes: la gente vota pensando en el futuro»

Alejandro Catterberg, presidente de Poliarquía Consultores y analista político con más de 30 años de experiencia, será uno de los disertantes de «Hablemos de lo que viene: Semana de la Industria», que se realiza hoy en el Centro de Convenciones de Salta. Su exposición, que arranca a las 12, se titula «Situación política nacional: los desafíos del Gobierno rumbo a 2027». Antes de la presentación analizó el nuevo escenario argentino, la transformación del sistema político y el desafío electoral que se abre hacia los próximos años.

Tenemos un Gobierno que sostiene una fuerte rigidez en su programa económico. Por otro lado, una oposición que no termina de juntarse y una sociedad que aparentemente busca una alternativa que no sea ni una cosa ni la otra. ¿Cómo analiza este escenario?

Hay que tratar de entender no solamente la foto de esta última semana o estos últimos meses, sino la película del cambio que la Argentina está viviendo durante estos últimos años. Yo veo en la Argentina un proceso de muchos cambios estructurales que están ocurriendo y que seguramente puedan confirmar la hipótesis de que estamos en un nuevo ciclo de la democracia.

Creo que el cuarto ciclo de la democracia tuvo como punto de partida en la elección de 2023. Ese año es un punto de quiebre, como en nuestro recuerdo puede ser el 2001 o el 89-90.

Cuando hablamos de los años 80 tenemos claro que había un esquema político, económico, social y geopolítico muy particular. Cuando hablamos de los 90 estamos hablando de una Argentina totalmente distinta. Después, esa década terminó en una megacrisis que se disparó en 2001 y luego vinieron 20 años dominados por el kirchnerismo, la polarización, la grieta y una economía donde el Estado pasó a tener un peso mucho mayor.

Ese tercer ciclo terminó no con una megacrisis económica, sino con una fenomenal crisis de representación y de confianza, que abrió las puertas a un outsider como Javier Milei, quien planteó que el problema no era solamente el macrismo o el kirchnerismo, sino el sistema en su conjunto.

¿Ese cambio implica entonces un quiebre con los últimos 20 años?

Creo que hay muchos datos que alimentan esa idea. En términos políticos, las dos figuras más poderosas y representativas de los últimos 20 años, Cristina Kirchner y Mauricio Macri, están en retroceso. Todavía tienen influencia en sus respectivos espacios, pero cada vez menos y con menor competitividad.

También cambió la estructura de los partidos políticos. Juntos por el Cambio desapareció, después de haber sido durante 10 o 15 años una de las fuerzas que organizaron la política argentina. El peronismo también está atravesando dificultades. Hace dos años y medio, antes de la elección de 2023, había 14 provincias gobernadas por el peronismo. Hoy son 7. Durante el gobierno de Cristina Kirchner llegaron a ser 19.

También estamos viendo una mayor autonomía de las provincias y una lógica más provincialista y local, con una desconexión cada vez mayor entre las estructuras políticas provinciales y las nacionales.

¿Qué otros cambios estructurales observa?

Hay un cambio fenomenal del modelo económico que instaló Milei, que profundizó algunas medidas y modificó otras. Pero algo que me interesa remarcar es el movimiento hacia el oeste que Argentina está teniendo en materia económica, política y democrática.

Todas las provincias del oeste empiezan a ser cada vez más protagonistas, en un cambio que también se refleja en las exportaciones. Estamos camino a duplicar nuestras exportaciones. Ya no vamos a depender solamente del campo, donde una sequía podía golpear fuertemente a la economía y afectar a un gobierno.

«El cambio puede profundizarse con una reelección de Milei o puede hacerse más lento si viene un gobierno diferente».

Las exportaciones energéticas van a equiparar a las agrícolas en pocos años más y dentro de 8 o 10 años se van a sumar las mineras. Eso representa un cambio estructural para Argentina.

En este contexto hay personas con deudas, salarios estancados y una inflación que no baja al ritmo esperado. ¿Cómo juega ese escenario económico pensando en 2027?

Si uno compara la situación económica actual con lo que nosotros mismos preguntamos en Poliarquía, sobre cómo evalúa la gente su situación personal o la del país, vemos que estamos peor que hace seis meses o un año atrás. Esos indicadores no parecen mostrar un escenario óptimo.

Si uno mirara solamente eso, podría pensar que un gobierno bajo este contexto económico no debería tener una reelección sencilla. Pero si la comparación no es contra hace seis meses o un año, sino contra el gobierno anterior, todos los indicadores le dan positivos al Gobierno.

Cualquier comparación contra el final del gobierno de Alberto Fernández o contra la década previa a la llegada de Milei muestra una situación mejor.

¿Al Gobierno le alcanza con mostrar que está mejor que cuando asumió?

Ahí está el debate. La pregunta es si la gente vota pensando hacia atrás o hacia adelante. Si vota pensando hacia adelante, aparece otra discusión: quién promete un futuro mejor, quién convence a la sociedad de que tiene algo superior para ofrecer, qué renovación tiene la oposición y qué nuevas figuras aparecen.

La economía actual no tiene el dinamismo que tuvieron otros momentos de crecimiento. No es una economía como la de Néstor Kirchner al inicio de su gobierno, creciendo al 7 u 8%, ni como la recuperación que permitió la reelección en 2011. El mundo también está creciendo poco, la región está creciendo poco, aunque Argentina está creciendo más que un mundo bastante estancado.

¿Qué se juega de cara al próximo año electoral?

El Gobierno podrá decir que Argentina no crece tres años seguidos hace 20 años y que no tiene tres años consecutivos con inflación bajando hace 30 años. Pero alguien puede responder: ¿de qué me sirve eso si lo que crece es la minería, el campo o el petróleo, mientras yo estoy en la industria, la construcción o el consumo masivo, sectores que están perdiendo? Ahí estará la disyuntiva.

«Trabajo con la hipótesis de que la lógica social, política y económica de Argentina no vuelve a ser la de las décadas anteriores dominadas por los K».

El Gobierno tendrá que mostrar capacidad para articular políticamente con otros actores una coalición más amplia. Y la oposición tendrá que lograr dos cosas: primero, articularse y no presentarse fragmentada; segundo, ofrecer una alternativa superadora y no una vuelta al pasado.

¿Existe la posibilidad de una alternativa que no sea ni Milei ni el kirchnerismo/peronismo?

Hay que verlo. Es cierto que hay sectores sociales insatisfechos. También es cierto que la crisis de representación que explotó en 2023 no se solucionó mágicamente con la victoria de La Libertad Avanza.

Hay gente que se ilusionó con este proceso. Algunos están satisfechos, otros dicen que hay que darle tiempo y que todavía hay que esperar los resultados, y otros dicen que su paciencia se agotó. Pero que esa paciencia se haya agotado no significa que encuentren una alternativa. Puede generar nuevas capas de descontento.

Entonces, ¿hay espacio para una tercera fuerza?

La posibilidad depende de cómo se articulen los espacios existentes. La elección pasada fue la de menor participación electoral en Argentina y puede ocurrir que el próximo año también tenga una participación muy baja. Si tenemos un Gobierno con una economía que crece fuertemente y una oposición que no logra construir una oferta competitiva, ahí está la clave.

Para que aparezcan opciones alternativas, una condición necesaria es que se fracture la articulación entre kirchnerismo y peronismo. Si el peronismo y el kirchnerismo vuelven a articularse como el año pasado, cuando hubo un acuerdo entre Axel Kicillof, Cristina Kirchner, Sergio Massa y varios gobernadores, esa fuerza podría mantener un nivel de competitividad importante. Sacaron alrededor del 30% de los votos.

Y también es difícil imaginar que el Gobierno, incluso en un escenario complejo, saque menos del 30%. Con dos fuerzas con esos niveles de apoyo, es muy difícil que una tercera opción logre superar ese piso y llegar al balotaje. La clave estará en ver cómo se ordenan esos espacios de cara al próximo proceso electoral.

Prensa NotiNOA

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