Salta

La industria debate cómo crecer en una Argentina que cambió las reglas

El ciclo «Hablemos de lo que Viene», organizado por El Tribuno, reunirá hoy a las 10 en el Centro de Convenciones de Limache a economistas, analistas políticos y referentes empresarios. Competitividad, inversión, crédito y empleo serán los ejes de una jornada coincidente con los 45 años de la Unión Industrial de Salta.

La industria se encontrará con una pregunta que atraviesa buena parte de la actividad productiva argentina: cómo adaptarse a una economía que cambió sus reglas y, al mismo tiempo, generar las condiciones para volver a crecer.

Ese será uno de los principales ejes de la nueva edición del ciclo de análisis, debate y encuentro organizado por El Tribuno y que, en esta oportunidad, estará dedicado a la industria, en el marco de los 45 años de la Unión Industrial de Salta.

La jornada reunirá distintas miradas sobre un mismo escenario. La economista Marina Dal Poggetto, el analista político Alejandro Catterberg serán lso disertantes a las 11.15 y 12.00 respectivamente, mientras que los empresarios Martín Ramírez, de La Moraleja, y Juan Sörös, de Seaboard Energías Renovables y Alimentos, abrirán la jornada con un panel a las 10.30 y aportarán perspectivas diferentes pero con varios puntos de contacto: la necesidad de previsibilidad, la competitividad, la inversión y las dificultades que todavía enfrenta el aparato productivo para aprovechar plenamente el nuevo escenario económico.

Dal Poggetto llega al encuentro con una advertencia central: la estabilización macroeconómica constituye un avance, pero todavía no garantiza por sí misma una recuperación sostenida. La economista destacó la fuerte reducción de la inflación y la acumulación de reservas, aunque planteó que esos resultados todavía no se traducen de manera homogénea en actividad económica.

Uno de los problemas que identifica es precisamente la falta de crédito. «No hay mercado de crédito sin horizonte», resumió, al señalar que las empresas y las familias todavía enfrentan tasas que dificultan el acceso al financiamiento. Para la economista, el desafío es extender los horizontes de previsibilidad para que los pesos puedan transformarse en crédito, inversión y actividad.

En la política, Catterberg planteará que el país atraviesa un cambio estructural que excede la coyuntura económica. El presidente de Poliarquía considera que la elección de 2023 abrió un ciclo político, marcado por el retroceso de las estructuras tradicionales y una mayor autonomía de las provincias.

Ese proceso también tiene una dimensión productiva. Catterberg observa un «movimiento hacia el oeste» de la economía argentina, impulsado por la energía, la minería y las exportaciones, sectores que pueden modificar el mapa económico del país en los próximos años.

Pero el crecimiento agregado no necesariamente alcanza para todos. Allí aparece una de las principales tensiones que deberá afrontar el Gobierno: qué ocurre con los sectores que todavía no sienten la recuperación, entre ellos parte de la industria, la construcción y el consumo masivo.

En las empresas

Martín Ramírez, presidente de La Moraleja, sintetizó la sensación de buena parte del sector privado con una imagen contundente: «Nos cambiaron de juego». Para el empresario, la Argentina dejó atrás un esquema caracterizado por tasas negativas, mercado cerrado y protección, y comenzó a transitar otro con mayor apertura, tasas positivas y competitividad.

La adaptación, sin embargo, no es sencilla. Ramírez señala problemas estructurales que siguen afectando a la producción, desde el estado de las rutas hasta el costo del gas y las dificultades para acceder al financiamiento. Y plantea una demanda que atraviesa a buena parte del empresariado: previsibilidad para tomar decisiones de largo plazo.

En la misma dirección, Juan Sörös destaca las oportunidades que ofrece el nuevo escenario, pero reclama herramientas para que esas posibilidades se transformen en inversiones concretas. El presidente de Seaboard considera que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) constituye una herramienta valiosa, aunque propone extender un esquema similar a proyectos de entre US$10 millones y US$200 millones, un segmento intermedio que, según su mirada, también puede generar un fuerte impacto productivo.

Las experiencias de La Moraleja y Seaboard muestran, además, que la industria salteña ya tiene capacidad para agregar valor, generar empleo y desarrollar procesos tecnológicos y energéticos sofisticados. Una produce y exporta íntegramente derivados industriales de cítricos; la otra avanzó hacia un modelo de economía circular en el que la caña permite producir azúcar, bioetanol y energía eléctrica.

El desafío, entonces, no pasa solamente por sostener lo existente. También implica crear las condiciones para que esas experiencias puedan multiplicarse.

Con ese trasfondo, «Hablemos de lo que Viene» propondrá una discusión que excede a la industria: qué modelo productivo necesita Salta para aprovechar la minería, la agroindustria, la energía, el turismo y sus economías regionales; cómo incorporar tecnología sin destruir empleo; cómo conseguir inversiones y, fundamentalmente, cómo construir un marco de reglas que permita a las empresas mirar más allá de la coyuntura.

En definitiva, la discusión será menos sobre cómo sobrevivir al nuevo escenario que sobre cómo aprovecharlo. Porque la Argentina parece haber cambiado las reglas del juego y Salta, con una estructura productiva diversa y nuevas oportunidades en sectores estratégicos, enfrenta ahora el desafío de decidir qué lugar quiere ocupar en la transformación.

Prensa NotiNOA

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