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La llegada de León XIV revive el histórico paso de Juan Pablo II por Salta guarda El Tribuno

Hay acontecimientos que permanecen intactos en la memoria colectiva, aunque pasen las décadas. La llegada del papa Juan Pablo II a Salta, el 8 de abril de 1987, es uno de ellos. Aquella tarde, miles de personas salieron a las calles para recibir al Sumo Pontífice, quien permaneció poco más de 12 horas en la provincia y protagonizó una de las manifestaciones de fe más multitudinarias de la historia salteña.

A 39 años de aquella visita, el archivo fotográfico de El Tribuno permite volver a recorrer los momentos más significativos de ese encuentro: desde su llegada al aeropuerto El Aybal, donde se arrodilló para besar la tierra salteña, hasta la multitud reunida en el Hipódromo de Limache y su oración ante las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro.

Las fotografías no solo muestran el paso de Juan Pablo II por la provincia. También retratan una época, el fervor de los fieles y la emoción de una comunidad que se había preparado durante meses para recibirlo.

El día que Juan Pablo II besó la tierra salteña

La tarde del miércoles 8 de abril de 1987, el avión que trasladaba al Papa aterrizó en el aeropuerto internacional El Aybal, actualmente denominado Martín Miguel de Güemes.

Al descender de la aeronave, Juan Pablo II se arrodilló y besó la tierra salteña, un gesto que quedó grabado en la memoria de quienes presenciaron su llegada.

Miles de personas lo esperaban tanto en la estación aérea como a lo largo del recorrido hacia la ciudad. Después de aquel saludo simbólico, el Pontífice fue recibido por las autoridades provinciales, encabezadas por el entonces gobernador Roberto Romero.

El destino principal de su visita era el Hipódromo de Limache, donde una multitud se había congregado para participar de una celebración religiosa vinculada con el V Centenario de la Evangelización de América Latina.

Entre los asistentes se encontraban representantes de pueblos originarios que habían llegado desde distintos puntos del norte argentino, además de fieles de toda la provincia.

Una multitud de casi 600.000 personas en Limache

El Hipódromo de Limache se convirtió aquella tarde en el escenario de una celebración extraordinaria. De acuerdo con las crónicas de la época, unas 200.000 personas se concentraron en el predio, mientras que la convocatoria total vinculada con la visita alcanzó una cifra estimada de casi 600.000 asistentes.

Cuando los altoparlantes anunciaron el ingreso del papamóvil, una ovación recorrió el lugar. Miles de banderas blancas y amarillas comenzaron a agitarse mientras la multitud entonaba cánticos religiosos.

“Juan Pablo II te ama todo el mundo”, coreaban los fieles mientras el vehículo recorría el circuito hípico.

La iluminación especialmente preparada para la ocasión permitió que la celebración continuara al caer la tarde. Familias enteras, religiosos, autoridades y peregrinos acompañaron el recorrido del Papa, que saludaba a los presentes desde el papamóvil.

Los cánticos no cesaron. Entre ellos sobresalieron las estrofas del Himno al Señor del Milagro, que resonaron mientras Juan Pablo II avanzaba hacia la tarima adornada con claveles rojos.

Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando un niño se acercó al Pontífice y le entregó una flor. El Papa lo besó y la multitud respondió con un prolongado aplauso.

La Misa Criolla y una celebración inolvidable

Una vez ubicado en el estrado principal, Juan Pablo II escuchó las palabras de bienvenida del entonces arzobispo de Salta, monseñor Moisés Julio Blanchoud.

La ceremonia contó con la participación del Coro Polifónico de Salta, dirigido por Margarita Grosso, que interpretó una parte de la Misa Criolla, de Ariel Ramírez.

También se escuchó la obra Mensajero de la paz y se realizaron lecturas religiosas. Durante la celebración, el movimiento Palestra desplegó un gigantesco dibujo de Karol Wojtyla acompañado por la leyenda “Madre no nos sueltes de tu mano”.

El mensaje del Papa fue seguido atentamente por los presentes y, según las crónicas de aquella jornada, fue interrumpido en cuatro oportunidades por aplausos y expresiones de afecto.

Durante la entrega de ofrendas, el gobernador Roberto Romero y su esposa, Elena Di Gangi, se acercaron al Pontífice para entregarle un obsequio en nombre de la Provincia de Salta.

Las gestiones que hicieron posible la visita

La llegada de Juan Pablo II había comenzado a gestarse mucho antes de aquel histórico 8 de abril.

El 14 de enero de 1986, el gobernador Roberto Romero y su esposa mantuvieron una audiencia con el Papa en el Vaticano. Allí le transmitieron el deseo de los católicos salteños de que incluyera a la provincia en su viaje a la Argentina.

El Pontífice escuchó la petición y manifestó su afecto por los fieles de “esa querida provincia argentina, tan rica en fe cristiana”.

Meses después, el 8 de octubre de 1986, una delegación de 300 peregrinos partió desde Salta hacia Roma. El grupo estuvo integrado por sacerdotes, funcionarios, periodistas, sindicalistas, referentes laicos y representantes de pueblos originarios, encabezados por monseñor Moisés Julio Blanchoud.

El 15 de octubre fueron recibidos por Juan Pablo II y le entregaron un álbum con alrededor de 500 firmas de personas que solicitaban su visita.

Aquellas gestiones terminaron dando sus frutos cuando se confirmó que Salta formaría parte del recorrido papal de 1987.

La fotografía que Luis Benjamín Arias consiguió escondido en un confesionario

Entre las imágenes más valiosas de aquella visita se encuentran las que registran un momento especialmente significativo para los salteños: Juan Pablo II rezando ante las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro en la Catedral Basílica.

Detrás de esas fotografías hay una historia que forma parte de la memoria del periodismo local. Su protagonista fue Luis Benjamín Arias, histórico fotógrafo de El Tribuno, conocido como el Petiso.

Arias supo que, a las 6 de la mañana del día siguiente a la llegada del Papa, se realizaría una liturgia reservada a religiosos en la Catedral. Decidido a registrar ese momento, la noche anterior consiguió esconderse en un confesionario, donde permaneció hasta la madrugada.

Antes de que la custodia pontificia advirtiera su presencia, el fotógrafo ya había logrado captar las imágenes que buscaba: el Papa rezando ante las sagradas imágenes del Milagro.

La anécdota tuvo un desenlace que también quedó registrado en una fotografía. Un colega retrató a Arias cuando salía hacia la calle España, mientras un cardenal lo obligaba a retirarse. Aquella audacia permitió conservar un testimonio visual de uno de los momentos más íntimos y significativos de la visita papal.

El archivo de El Tribuno, una ventana a la historia de Salta

A casi cuatro décadas de aquel acontecimiento, las fotografías conservadas por El Tribuno adquieren un valor especial. No se trata solamente de imágenes de una visita religiosa, sino de documentos que permiten reconstruir cómo vivió Salta una jornada excepcional.

La llegada al aeropuerto, el beso a la tierra, las banderas agitándose en Limache, los gestos de emoción de los fieles y la oración ante las imágenes del Milagro forman parte de un mismo relato histórico.

El 8 de abril de 1987, Juan Pablo II estuvo apenas unas horas en Salta, pero su visita dejó recuerdos que siguen vivos 39 años después.

Hoy, aquellas fotografías vuelven a contar la historia de una provincia que se movilizó para recibir al Papa y de los reporteros gráficos que hicieron posible que ese encuentro quedara registrado para las generaciones futuras.

Prensa NotiNOA

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